No sé si me estas engañando
no sé si aun me quieres
o es verdad que ya me has olvidado
Me cuesta creer que todo haya cambiado
es más, me duele solo pensar
que todo ya haya acabado
Lo reconozco, fue corto,
lo sé, duró poco…
pero me cuesta olvidarlo.
Hoy tengo que hacer como si nada hubiera pasado,
Como si todo está superado,
Como si nunca te hubiera besado…
Es posible que así haya pasado
porque aun tengo la sensación
de que en efecto, solo lo he soñado..
¿Quieres que te cuente el sueño?
pues bien, enseguida te lo cuento,
pero recuerda que sólo lo he soñado!
Finales de Enero, a pesar del frío el cielo está despejado, una extraña sensación me inunda aquella mañana… No sé con quién me voy a encontrar, no se si será verdad que es así de peculiar… y tengo la sensación de que la situación poco cómoda va a resultar… a pesar de todo, el día pinta bien… ¡sí!, ¿porqué no? a disfrutar como aquellas horas hablando sin parar estando sentada en un sofá, después de todo es sólo un buen amigo más.
El momento llega, está de pie, impaciente, a pesar de que su postura era relajada, y de que reposaba sobre una columna, como sí no esperara nada, yo lo veía en su manera de mirar de un lado hacia otro en busca de algo… ¿Qué será?. De repente su mirada y la mía se cruzan, me pregunto ¿Qué pensará?, entonces le veo sonreír, casi reír, parecía feliz, para qué mentir… Torpemente me voy acercando, sin saber muy bien qué hacer ni qué decir, el da el último paso necesario, un beso en cada mejilla y sorprendentemente un abrazo, el supuestamente esperado, pero para mí no imaginado. Tras ello la misma conversación inicial de cada día, solo que esta vez, sin distancia y tecnología de por medio. Mientras hablamos me voy dando cuenta de que la situación es mejor de lo que esperaba, aunque él también algo diferente a lo que imaginaba, pero aún así… ¡era increíble! ¡Qué cómoda estaba!. El día fue pasando, y a medida que pasaba el tiempo más me daba cuenta de que no quería que acabara, tenía la extraña sensación de que estaba en el lugar correcto, con la persona correcta, y que esta elección no había sido un error, todo lo contrarío. Cada vez que teníamos que cruzar un semáforo, este se tornaba rojo antes de que nos diera tiempo a pasar… y siempre aprovechaba para acercarse a mí con cautela, y abrazarme fuertemente, para acabar con un beso en la frente. He de decir que me encantaba, para qué negarlo… Y así fueron pasando las horas, entre risas, caricias, y miradas de complicidad, pero finalmente el día tenía que llegar a su fin… aunque él muy contento se despidió de mí, cómo no, con un beso en la frente y un abrazo que parecía no tener fin. Esa noche tras volver a hablar, esta vez mediante las viejas costumbres, por primera vez soñé él, de una forma clara, ya que en otras ocasiones había aparecido en sueños, pero cómo algo sin definir… no sé tampoco cómo explicar. Poco me acuerdo de aquél sueño, lo que sí puedo recordar es que me costó mucho llegar a dormirme ya que estaba inmersa en mis pensamientos, recordando cada momento, cada gesto cada palabra, y sorprendida de sentirme de esa forma tan extraña al pensar que mañana le volvería a ver.
Por fin amaneció, y aunque me moría de ganas de volverle a ver, cómo de costumbre, algo tarde llegué. Le vi de pié, en el lugar acordado, como siempre con los cascos a los hombros y las manos en los bolsillos… esperando a que yo llegara para volver a unir mi mano a la suya e introducirla en su bolsillo para así guardarme del frío, que aunque era otro día esplendido, seguía pegando duro. No sé porque ese día él me gustó más, me estaba dando cuenta de que empezaba a sentir… algo más… las manos se entrelazaban de forma algo más intensa, los abrazos parecían ser algo distintos… las miradas más largas, y lo que es más… a penas me daba cuenta ni de dónde estaba, lo único que importaba es que con él me encontraba. Tras largos paseos llegamos junto a un lago, nos apoyamos en los muros que lo rodeaban y nos quedamos contemplando cómo la gente remaba en barca, ciertamente, esperando a qué algún poco precavido cayera al agua por confiado, aunque no llego a ocurrir mientras estuvimos allí… Una vez más nos quedamos mirándonos sin hablar, y cómo no, yo notaba la sangre a mis mejillas llegar… él me sonrió, yo devolví la sonrisa y me acerqué a él, esperando a que me estrechara entre sus brazos… y cómo no, así lo hizo… tampoco puedo explicar porqué, pero esa vez fue especial… tras este momento me volvió a besar en la mejilla suavemente, y yo como siempre correspondí, pero en esa ocasión las ganas de algo más se empezaron a notar… y así fue pasando el día, como el anterior pero incluso con más fugacidad, transcurrió como si de un soplo se tratase… llegó la tarde… y llegamos a un sitio para mi muy familiar, ya que suelo pasar por el con bastante periocidad. Aguardamos apoyados sobre una columna, el sobre ella, y yo apoyada en él… me abrazó de una forma que recordaba a la necesidad, y un beso más en la frente me dio, tras él, otro en la mejilla… y tras este último… por fin… otro en los labios… y yo no pude evitarlo, le devolví este último… sólo que esta vez más largo, más intenso… y porqué no decirlo, más apasionado. Seguimos hablando cómo si nada hubiera pasado, y así transcurrió aquella tarde, seguimos paseando, aunque yo más bien iba como flotando… y llego el momento… de nuevo la despedida, y con ella, el último beso del día, y cómo dice en su canción un maestro de la composición “besarte se me he hizo extraño, pero rápido me acostumbré, sólo quería estar contigo y de lo demás me olvidé”. Esa noche volvimos a adoptar las viejas costumbres de cada día, pero esta vez, acordamos hablar al día siguiente, era necesario e inevitable… Yo con los nervios a flor de piel y cómo la noche anterior sin dejar de pensar en todo lo ocurrido, y esta vez dando por hecho que mis sueños aquella noche seguro que iban a ser con él.
Un nuevo día llegó, y era increíble, ese día también fue esplendido… el sol brillaba con fuerza, aunque como los días anteriores, el frío era implacable, aunque para ser sincera, no pude evitar soltar una media sonrisa al salir al aire libre y notar como la ligera brisa me congelaba mis extremidades, ya que era una perfecta excusa para volver a estar cerca de él… Llegue bastante antes de la hora acordada la noche anterior, de los nervios no me dejaron dormir más, y las ganas de volver a estar con él pudieron con mi vergüenza por presentarme antes de lo previsto, pero al parecer él también estaba ya despierto así que sin demora alguna allí estaba, dónde siempre, esperándome. Sonriente me acogió en sus brazos, y sin mas dilación estrechó una de sus manos junto a la mía y la introdujo en su bolsillo (hacía frío jeje). Seguimos paseando por los sitios de siempre, cogidos de la mano y hablando de todo en general, y yo cómo no, en mi nube de felicidad. A lo largo de la mañana decidimos ir a dónde se hospedaba para que recogiera su tan famosa para mí, bufanda verde, y así resguardarse un poco más del frío. Allí fue dónde la inevitable conversación tuvo que llegar… ¿Qué hacer?, ¿Qué iba a pasar con nosotros?, la respuesta, por desgracia, era evidente… La distancia, cruel, e irremediable nos separaba… no podía ser… al menos de momento, y con las circunstancias así. Tras hablarlo nos quedamos en silencio, y una nueva sensación apareció… NECESIDAD, nos quedaba poco tiempo, había que aprovecharlo… no quería dejar escapar ni un solo segundo con él. quién sabe cuando nos volveríamos a ver, aunque estaba claro que así iba a ser, esa relación que teníamos hasta entonces, la íbamos a mantener, y habría más veces, eso me consolaba… y me dejé llevar por esa sensación, y él también, llego un beso, y otro, y otro, y otro más… caricias y mis caricias… siempre con suavidad y sin ir más allá de lo necesario… palabras cargadas de pena, emoción, alegría, y una vez más pena… No sé cuanto tiempo pasó, pero finalmente llegó la hora de volver a salir, pero antes, con suavidad, mi cabello peinó y acicaló, y como toque final, el gorro que siempre llevaba me colocó… Salimos y seguimos paseando, y yo con la ilusión y la felicidad por las nubes, y tonta de mí, feliz por llevar puesto el gorrito así. La tarde pasó, la noche llego, y con ella fui notando como él, y para qué negarlo yo también, me fui apagando en los primeros atisbos de un inevitable dolor… Aún así, aunque no hicimos más que pasear, fue de las noches más especiales de mi vida… y como no, la despedida una vez más llegó… y para alegría y alivio mío aún nos quedaba una mañana más. Aún así en el ultimo beso y el ultimo abrazo, la intensidad aumentó muchísimo, el tiempo y los momentos se nos escapaban de las manos… era irremediable… Esa noche al llegar a mi casa, me di cuanta de algo más… su aroma… estaba en mí… y me encantaba… lo adoraba… Con impaciencia esperé a su llamada, como acordamos no mucho antes atrás. La conversación de aquella noche fue distinta, empezamos a darnos cuenta de lo que estaba por llegar… y yo ni quería pensar en ello… me dolía saber lo que me esperaba… Finalmente, fui a dormir, aunque esta vez abrazada a una prenda que había llevado durante el día, impregnada de su olor, para así no sentir que no estaba con él, y como era de esperar, esa noche también soñé con él.
El último y temido día finalmente llegó, desperté y llena de alivió tras el sueño con él me di cuenta de que aun le volvería a ver. Rápida fui a su encuentro, esta vez directa a su habitación. Él ya estaba vestido, esperándome, nos tumbamos y nos quedamos simplemente mirándonos durante varios minutos, luego me acurruqué junto a él, y me estrechó entre sus brazos fuerte y desesperadamente… aunque hablábamos, la mayor parte del tiempo era silencio y miradas llenas de significado… tras un tiempo así, volví a caer en la tentación de sus labios… una y otra vez… en esos momentos sólo existía él… y el tiempo, él, y el tic tac del reloj, la señal de que los minutos y los segundos pasaban… él, y tic tac… y así hasta que ya no tuvimos mas remedio que levantarnos… una vez que salimos de allí fui notando como poco a poco se apagaba, notaba ese “no puede ser” en su mirada, como intentaba aparentar normalidad, pero lo callado y taciturno que estaba... la mirada triste, y muchas sonrisas a medias… tic-tac, tic-tac, tic-tac, el tiempo seguía pasando… el momento más temido llegó… Los dos una vez mas apoyados sobre una barandilla en aquella estación mirándonos a los ojos, e inevitablemente al reloj… contando mentalmente cuanto tiempo quedaba… 45 min, 40 min, 35 min, ¡MEDIA HORA!, la hora se acercaba… mas besos, más caricias, más abrazos, más palabras de ánimo hacia el otro, y el tic-tac, 20 min… decidió que ya era hora de ir embarcando a ese tren que le alejaría de mí… Tocaba el último beso… no… hubo otro más… y otro más… y otro más… este sí… el último… y el más profundo… me cogió de la mano y la deslizó, hasta que ya dejé de sentir su calor en mis dedos… y noté como los ojos se me iban llenando de lágrimas, pero aguanté, se lo prometí, le ví alejarse, y mirar hacía atrás una vez más, y al verme parada mirándole, a punto de levantar la mano para decirle adiós, y en seguida apartó la mirada bruscamente, ¿estaba llorando? creo que sí, o al menos apunto… en ese momento sentí cómo si algo iba mal… no podía asimilar todo… me faltaba algo… algo que necesitaba mucho, me faltaba… no podía ser que no le volviera a ver… notaba como mis labios aun estaban algo irritados, aun le podía oler… aun podía verme reflejada en sus vidriosos ojos de aquella mañana, no podía ser… no era posible… y como era de esperar… lloré… las lagrimas brotaban solas, no lo podía evitar… ¿cómo era posible sentirme así de vacía, así de sola, si tan solo hacia a penas 4 días que nunca le había visto? Aún no me lo explico… El caso es que durante ese día, aún continué en mi extraña nube, y esa noche tras volver a hablar aunque por poco tiempo, cómo no… soñé con que aún estaba con él… no podría explicar la sensación tan amarga que tuve al despertarme… esa sensación de volver a la realidad, de despertar de un sueño para vivir una pesadilla… aún seguía sin poder creerme que ese día no le fuera a volver a ver… y una vez más las lágrimas brotaron de mis ojos… Aquí finaliza el sueño… en el despertar.
Hoy ya no queda esperanza, hoy sigo echándote de menos, pero tu ya me tienes en el olvido… Creí que aunque tuviéramos que dejar de hablar tan a menudo, al menos nuestra anterior relación de amistad la mantendríamos, aquella en la que cada día nos contábamos con pelos y señales los detalles de cada día, creí que aunque tuviéramos que reprimirnos esa ilusión no se apagaría, y que algún día volveríamos a vernos… cuando pudiéramos… pero no ha sido así… Sé que no fue suficiente tiempo como para que llegarás a quererme y a conocerme, sé que quizás yo no valgo la pena tanto cómo para arriesgarte, que incluso es posible que sólo me vieras como una amiga especial más… pero aún así, creí que eso que construimos en un principio lo mantendrías conmigo… Pero así no ha sido… Sí, no te conozco, sí es verdad, hace poco que tratamos, sí es verdad, quedamos en que no íbamos a ir más allá de lo que la distancia nos dejaba… Pero yo no sabía que esto implicaba que te alejarás de mi así, yo no sabia que esto implicaba hacer como si no te hubiera conocido nunca, yo no sabía que esto implicara volvernos fríos y distantes… ¿sabes? Yo no puedo, no soy capaz de ser tan hipócrita conmigo misma… Por eso, lo mejor es intentar olvidarte, y dejarte en paz seguir tu vida… ya nunca más volveré a molestar… quizás algún día te arrepientas de no haber mantenido la relación que esperaba que mantuviéramos… conversaciones más allá de monosílabos… quizás sí, quizás no… pero es tu decisión, yo ya hice lo que mi ser resistió… Nunca te olvidaré, pero tendré que enterrarte en mi ayer.
Aunque digo yo... ¿y qué más da? Si sólo fue un sueño más...
