Ver como tu padre se consume lentamente, con el paso de las horas no es plato de buen gusto para nadie. Mi relación con el siempre ha sido de altibajos, más "bajos" que "altis, y sin embargo ahora de repente se ha vuelto estupenda... Una relación de confianza fraternofilial que siempre busqué y nunca obtuve. Dicen que mejor tarde que nunca, pero a mi me produce un sincero y profundo pesar, porque ahora sí, el día que se vaya me dolerá y mucho, y aunque estoy haciendo todo lo que puedo por él, no estoy convencida de mi tranquilidad hacía mi misma como hija, cuando llegue el citado día.
Entre nubarrones mi rayito de luz reside en aquellas personas que estan a mi lado incodicionalmente. Entre ellas cuento con familia, vecinos, amigos, personal hospitalario, enfermos y familiares del propio hospital, y por supuesto mi chico. Sinceramente sin esas personas esto se haría bastante más cuesta arriba, porque esto de ser "la fuerte", "la hija fría", es un papel que no puedo mantener las 24h del día y necesito dejar de fingir de vez en cuando.
He de decir que de la situación hay muchas cosas buenas que sacar, entre ellas lo asombroso de la caridad del ser humano en momentos así. Mis amigos me vuelven a demostrar que estan ahí, y sinceramente el día que me reuní con todos ellos, casi me dan ganas de llorar de la emoción, pero como bien he aprendido, me contuve. ¿Y qué decir de mi niño? Me quedo sin palabras, y realmente me doy cuenta (aun más de lo que ya sabía) de la falta que me hace, simplemente para tener ganas de vivir. Esto nos ha unido realmente muchísimo... y realmente me veo con él y nadie más un día en un futuro quizás no tan lejano en una casita, juntos los dos, para el resto de nuestras vidas.
Y mientras yo fantaseo con un feliz futuro, mi mente me vuelve a conducir al presente, que se encuentra justo en la habitación de al lado... En esos ronquidos que me han acompañado toda mi vida, y que pronto no volveré a escuchar más. En ese corazón que late luchando por una vida que agoniza sus últimos días. En esos parpados cerrados, que esconden unos ojos que comienzan a acusar el cansancio de una lucha recien comenzada. Y en cambio yo sigo aquí, convencida de que aunque el final sea inminente, aun quedará mañana, aun podre repetirle que le quiero, aun podré acariciarle su redonda cabeza, aun podré gastarle bromas, aun podré seguir haciendo cosas por él, por mi padre.
Papá no temas, yo sigo aquí. Papá aguanta un día más. Papá no dejes de aconsejarme. Papá, aún necesito un padre... Aún te necesito a ti.
Baba, te quiero.
jueves, 26 de enero de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
