viernes, 12 de febrero de 2010
Casi 14 de febrero
Hacía meses que Helena no se volvía a acordar de Luis de aquella manera. Hablaba con él muy de vez en cuando por messenger, y las conversaciones no eran ni frías ni cálidas, tan sólo vacías y desinteresadas. Luis, tiempo atrás, no fue más que un amor de tantos, los hubo mucho más intensos y bonitos en cierta manera antes y después de él. Lo suyo se acabó casi sin razones, tan sólo la llama se apagó, como suele ocurrir tantas y tantas veces, y Helena continuó sin más su vida sorprendida de que aquella fuera la vez que menos le doliera el fin de una historia. Simplemente echó de menos el hecho de tener a un chico al que querer, alguien con quien estar y compartir lo cotidiano del día a día. Fue una historia buena y bonita los seis meses que duró, pero ahí quedó todo. Sin duda el chico menos relevante de su vida. Y he aquí que Helena un día cualquiera se paró a recordar a Luis, esta vez de forma diferente a cómo solía hacerlo, pues, casi como de pasada, volvió a sentir aquella extraña sensación en el estómago al recordarle, y se detuvo a pensar en cómo habría sido todo si hubieran seguido juntos, si la llama no se hubiera apagado, y el amor hubiese ido creciendo entre ellos dos. Con firme autoconvencimiento giro la cabeza de izquierda a derecha con fuerza y se regañó a sí misma por estar pensando semejante tontería. -¿Luis?, por favor... ese chico tan insignificante, engreído sin causa, e impetuoso... lo que te faltaba Helena, lo que te faltaba vamos!.-. Pero al instante después le vino a la memoria el recuerdo de una tarde sentados los dos en un banco de un parque cualquiera de la ciudad, escuchando su ipod, el tacto de la piel de su cuello en su cara, el olor de ese perfume que tanto le gustaba que se pusiera, y el momento en el que sintió que él se quedaba dormido reposándose sobre ella, y la sensación de felicidad que le embargó en aquél momento, la paz y la serenidad que sintió... tanta que ella incluso calló dormida también poco después. Por alguna razón todo esto llevó a Helena a echarle de menos, a pensar que quizás tendría que haber dado más de sí en aquella relación, pues parece que en la normalidad estuvo el carácter especial de aquella sencilla historia. En un arrebato decidió escribirle y proponerle volver a verse, un sms que no diera a entender nada más allá de el intento por restablecer una amistad. Ya está, el mensaje ya estaba escrito... ahora tan sólo le faltaba darle a enviar, pero justo antes de pulsar al botón calló en la cuenta de que al día siguiente iba a ser San Valentín y dudó unos segundos... los justos para finalmente darle a cancelar, -¿guardar el sms en borradores?- No. Era una estupidez, quizás la tontería se le pasara al mismísimo día siguiente, y además, ¿qué pensaría él si justo le enviara ese sms el día anterior a San Valentín?. Defínitivamente lo mejor será dejarlo correr, pensó inmersa en dudas. Dejó el móvil encíma de la mesilla, se fué a cepillarse los dientes, ponerse el pijama, y meterse en su cama tapada con aquella funda nórdica que tanto le gustaba como cualquier otra noche. Sin embargo esa vez imaginó que el calor que la envolvía no era debido a la funda, sino al suave y cálido abrazo del torso de Luis. Con esta ensoñación y una media sonrisa en los labios Helena se deslizó finalmente en el mundo de los sueños la noche del 14 de febrero.
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