miércoles, 3 de noviembre de 2010

Y entonces volvió a cambiar mi vida

Mediadios de diciembre, los copos de nieve no cesaban de caer, y el frio era el principal protagonista de cada día durante este periodo del año. Mi vida ya no era igual en ningún sentido. Simplemente lo había dejado todo atras. Familia, amigos, ciudad, país, en pocas palabras todo. Fue una decisión tomada, en un momento que realmente no tenía significación ninguna. Todo me iba normal amorosa, profesional, y familiarmente. Esa "normalidad" fue el desencadenante de todo. Yo no era una persona conformista, y sentía que me estaba conformando. Así que un día simplemente cogí las maletas y me fui. De esto hacía más de un año y medio, y durante ese tiempo realmente sentí que al fin me habia transformado en una mujer, me había despojado de todos los restos que quedaban de la tierna, inocente y dulce niña, para convertirme en una adulta.

Pues bien, me encontraba en la cafetería de la esquina de mi oficina, sentada, sin acompañante, tomando el café pertinente del descanso de las 11:30 am, mientras escuchaba una canción que sonaba de fondo, proveniente de la televisión y el canal de música 24h que siempre estaba puesto. Esa canción me evocaba tiempos pasados, tiempos en los que realmente hallé la felicidad plena, y me sentía completamente satisfecha. De repente alcé la vista para mirar a través de la espaciosa cristalera, y al otro lado de la calle, parado frente al cruce de semaforo, le ví. Durante unos segundos pensé que debia tratarse de una mala jugada de mi imaginación como producto de la canción que estaba escuchando. Pero los segundos pasaban, y la vista no me engañaba... la figura que estaba viendo era real, y no cabía duda de que era él. Quizás con rasgos que acentuaban más el paso de niño a hombre, pero era él. el corazón empezó a palpitarme con una fuerza vigorosa, y las pulsaciones se dispararon. Cuando quise darme cuenta ya estaba saliendo de la cafetería, casi corriendo hacia el cruce, disminuyendo los metros de distancia entre nosotros. El parecía inmerso en sus pensamientos, cabizbajo, y mirando al suelo mientras caminaba lentamente. Cuando ya me encontraba a unos 10 pasos de él, levantó la vista, miró a un lado, y luego al otro, y finalmente al frente, y en ese momento nuestras miradas se encontrarón. Una sonrisa inmediata se dibujó en mi rostro, y para sorpresa mia, en el también pude advertir el mismo efecto. Sentí como la sangre fluia en mi rostro al contemplar su sonrisa. Aunque me acordaba de ella practicamente todos los días, me di cuenta de que la había recordado mal... era mucho más calida de lo que había continuado imaginando a lo largo de los años. El avanzó hacía mí, mientras yo esperaba al otro lado del paso de peatones, y finalmente llegó. El asombro estaba dibujado en su rostro, junto a una extraña y desconcertante mezcla de alegría y tristeza. Nos quedamos en silencio unos segundos, mirandonos con mil interrogantes en mente, hasta que él rompio el silencio:

-¿Cómo es posible.. que.. que haces aquí? Esto es increíble.
- Bueno, hola lo primero, ¿no? jajaja. Dios mío, no me lo puedo creer, justo estaba acordandome de tí, y de repente te veo justo en frente mía.
- Sí, sí... Hola lo primero, perdona, es que la sorpresa ha hecho que me olvide de mis modales. Bueno, dime, ¿qué tal estas?, ¿que haces aquí?.
- Ja ja ja, tranquilo, he sido la primera incapaz de mediar palabra por la impresión. Pues ahora vivo aquí. Estudio por las tardes, y ahora por las mañanas trabajo en esa oficina de ahí, ¿ves?, la de la fachada roja. ¿Y tú?, ¿qué diablos haces aquí?.
- Vaya, que pasada, y que casualidad... Pues yo estoy sólo por unos días. de hecho este es mi primer día aquí, llegué ayer por la noche.
- ¿Ah sí?, y ¿hasta cuando piensas quedarte?, ¿querrás ver la ciudad no?.
- Pues me volveré este lunes que viene, y sí a eso iba, a recorrer la ciudad, iba a coger el metro ahora mismo jajaja.
- ¿Y cómo es que te he encontrado justo aquí?, ¿A dónde quieres ir?.
- Pues he venido porque tengo un amigo que vive a una manzana de aquí, y la verdad es que estaba pasando una racha digamos que bastante mala, y necesitaba despejarme, ya sabes. Y bueno ir, tenía pensado el centro antes de nada, y comer por allí. ¿Quieres acompañarme?.

Creo que ante esta pregunta el corazón se me aceleró aún más de lo que ya estaba.

- Pu pues me encantaría pero tengo que entrar a trabajar justo ahora, de hecho... Oh, mierda! No me he dado cuenta, pero hace ya 5 minutos que debería de haber subido ya a mi despacho. ¡Ay cuanto lo siento!
- Claro, no pasa nada... bueno pero... ¿a que hora sales? Venga te invito a tomar algo, y así me cuentas mejor todo, ¿Qué te parece?.
- Vale, vale! Perfecto, pues nos vemos entonces a la salida, aquí mismo.-Dije mientras daba media vuelta para irme del lugar del que desearía no haberme movido jamás.
- Pero dime a qué hora sales, mujer.
-las mejillas se me encendierón escandalosamente- Ah claro, sí por supuesto, Salgo a las 2.
-Vale, estupendo, aquí estaré a las 2 esperandote. -Dijo él, acompañado de un guiño de ojos, y una sonrisa capaz de iluminar toda aquella ciudad.-
-Bien, no me falles.-Dije, correspondiendo al mismo tiempo a su guiño.- Me ha encantado volver a verte...


Y entonces, cambió mi vida. Allí se encontraba, tal como prometió a las 2 en punto le ví desde la ventana de mi despacho, esperandome con la mirada impaciente, mientras yo apresuradamente me daba los ultimos retoques, y me preparaba para salir veloz como un rayo a su encuentro.

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